jueves, 23 de mayo de 2013

CONCIENCIA DE UNA PÉRDIDA COMPARTIDA

(Aclarando puntos con un amigo y patriota)

Por Patricio Lons

Querido Bobby, referido a San Martín y a los próceres de Mayo, o criticar a los Borbones, justamente lo que digo es que discutir a los actores de la época, a la luz de los acontecimientos actuales, es poco relevante. Ellos ya rindieron sus cuentas a Dios. Hoy, lo crucial, lo más importante es entender lo que perdimos para inferir lo que podemos perder si no actuamos preventivamente, ese es el tema a dilucidar. Las culpas históricas pasan a ser secundarias. Los personajes históricos no son de mármol, actuaron de acuerdo a lo que creían y así fueron los resultados. ¿Fueron buenos o malos estos resultados? ¿Somos más o menos poderosos que cuando integrábamos un imperio? ¿Gozamos de más o menos libertad? ¿Sufrimos hoy más o menos abusos del poder que ayer? Nuestros gobernantes modernos ¿son genuinamente nuestros o nos los imponen discretamente sin que lo notemos? ¿Mantuvimos nuestra integridad territorial o nos perdimos mutuamente? Veamos nuestra realidad y démonos la respuesta adecuada. Pues no es cuestión de que pretendamos decir que los argentinos perdimos el Alto y Bajo Perú, la salida al Pacífico por allí, el Paraguay, la Banda Oriental, las Misiones Orientales, Guinea Ecuatorial ¿podemos considerar una pérdida la Patagonia chilena también?, y la posibilidad de construir un estado bioceánico común con Chile y tal vez con Perú y Ecuador, sino que también estos estados nos perdieron a nosotros. Como también nos perdimos con el resto de las Indias de América, Asia y África. España nos perdió a nosotros y nosotros también perdimos a España. Y luego divididos, nos enfrentamos entre nosotros, en guerras civiles y fronterizas fogoneadas por intereses extranjeros.
Y Colombia perdió a Panamá y Centroamérica se balcanizó y Méjico perdió más de la mitad de su territorio. Y perdimos dos tercios de lo que hoy es Estados Unidos, curioso país en el cual seis estados todavía guardan emblemas españoles en sus banderas estatales.
¿Y ahora? ¿A que nos enfrentamos? No tenemos dominio sobre el Mar Argentino, sus islas y la Antártida, no las perdimos de iure pero si de facto. Y divididos ¿Cómo enfrentaremos esta disgregación territorial a manos de una potencia europea? ¿Cómo enfrentaremos todos los pueblos americanos, los grandes conflictos de imposiciones hegemónicas que se perfilan para este siglo XXI? Se presentarán luchas religiosas y por recursos. Hoy, unidos, seríamos un actor político de peso mundial, seguiríamos teniendo un papel preponderante en Asia, donde se imponía nuestra moneda, la onza de plata castellana, donde los pueblos orientales prosperaban junto a nosotros. En E.E.U.U. también lo seríamos, donde en su comienzo independentista, las trece colonias usaban como moneda el táler español, base de su futuro dólar.
El nivel de vida en las naciones del imperio era tan alto como en Europa, cosa que nunca más volvió a ocurrir salvo los interregnos de las guerras mundiales. Humboldt, el gran explorador mundial, fue testigo de la felicidad de los pueblos hispánicos y así lo expresó en sus memorias. El libertador de Filipinas, general Aguinaldo, afirmó con tristeza y arrepentimiento, que dejaron el imperio para ser un mercado de consumo americano. En algún período, bastante prolongado de la historia, fuimos la primera potencia global. Esa condición fue la que perdimos. Y lo sabemos, o lo intuimos y por eso ponemos tanto énfasis en contrarrestar nuestras frustraciones poniendo todo nuestro entusiasmo nacional en un campeonato mundial, de lo que sea, si es en fútbol mejor y si le ganamos a Inglaterra que lo inventó, más que mejor. En teología enseñan que el hombre solo desea lo que conoce y desea la felicidad porque intuye que alguna vez vivió en el Paraíso terrenal y en presencia de Dios.
Tal vez es lo que nos pasa con nuestra historia; percibimos lo que perdimos y a causa de quién. Esa intuición de lo perdido se despertó en 1982 en buena parte del continente, apoyándonos en Malvinas. Cada nación hermana se acordó de sus invasiones inglesas sufridas y donde también salieron triunfantes. Y se pusieron de pie como un solo hombre. Sino todas, por lo menos, las que no habían adormecido su conciencia y su cultura. Su sentido del deber y su fe. Su sentimiento común de patria inconclusa, que parecía emerger en una increíble y maravillosa gesta contra el eterno invasor. Y el que haya estudiado bien su catecismo, entenderá el porqué de ese quién; las causas metafísicas de tamaña y permanente agresión. Eso debemos tener en cuenta para no seguir perdiendo más y tratar de restaurar una parte de ese todo. Ese debe ser nuestro propósito esperanzador, eso es lo más importante para hacer posible nuestro renacer. Un renacer argentino tan brillante como la plata, que significa nuestro nombre, que significa el argentum.

Eso es lo que nos corresponde hacer, continuar un legado que fue truncado y que no debe quedar inconcluso, para poder cumplir nuestra parte con los planes de Dios.

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