lunes, 29 de abril de 2013

HORAS DESESPERADAS: NO HAY “PLAN B”: ¿LLEGÓ LA HORA DE CAMBIAR LA MONEDA?



En setiembre de 2012, en dos notas de Tribuna de Periodistas (1) y (2), ya advertíamos que la cuestión del cepo cambiario nos traería, como consecuencia necesaria, la desinversión y la caída tanto de ingresos, y de la renta y el consumo. Y, además que ello daba por tierra con cualquier plan de continuidad que el gobierno de Cristina Elisabet Wilhelm de Kirchner quisiera encarar. La “indisimulada” inflación, los ramilletes de medidas, minipaquetitos económicos y medidas restrictivas, fueron ahogando la economía lentamente.


Una mirada retrospectiva, hoy, con el diario del lunes, nos permite comprobar que, mientras la región sigue creciendo y acumulando reservas, planificando desarrollo, recibiendo crédito e inversiones, nosotros nos dedicamos desde 2009 a “huir hacia delante” siendo la principal preocupación oficial el dominio férreo del sistema político (la otra pata de todo plan económico) y la referida fuga hacia delante con medidas torpes, burdas y sin necesidad por el contexto, nos referimos a los “ramilletes de mini paquetes” que van colocando paños fríos a un modelo económico que está en coma 4, y del que solo nos cabe preguntarnos cuando implosionará.
Hagamos un paréntesis aquí, dado que el lavado de cerebro kirchnerista en su “relato”, sumado a las corruptelas de siempre, han sembrado la idea de que el crédito es malo, cosa que es un absoluto disparate: Los créditos sirven, en cualquier parte del mundo, para poder desarrollar energía, rutas, puertos, trenes. Para poder disponer de costos de producción, de servicios públicos, más baratos: Así hoy Chile programa un tren que recorrerá el país a lo largo, y Brasíl 30 centrales hidroeléctrica y varios puertos. Solo en el país del dislate (Argentina) se compadece la idea de crédito=corrupción.
Qué decíamos en Tribuna, hace 6 meses o más:
“Al desastre de la “toma de Kajas” —AFJP, Anses, BNA, BCRA— le devino la evaporación de las reservas de libre disponibilidad… ¿Cuál fue la respuesta? Lo que ocurre en los 10 meses de restricciones cambiarias que llevamos, aumento de la inflación, de la emisión, “parate” brutal de la economía, recesión.
Los conservadores decían que una buena cosecha salvaba a la Argentina, el mismo discurso que se escucha hoy en las mesas de café “off de record”, respecto de una buena cosecha de soja, que rondaría los 30.000 millones de dólares en 2013, de parte de los dirigentes oficialistas. ¿Alcanzará?” (3)
Respecto de la fuga de capitales, recordábamos como en los ´90 se fugaban menos capitales que en la “década ganada k” (o, “década ganado” de los subsidios) que supuestamente estaríamos transitando: “… El lunes 20 de agosto (de 2012), en el programa televisivo de cable de Maximiliano Montenegro, como tremenda cachetada, se expusieron algunos datos de cómo venía la economía oficial. Un dato curioso es que incluyó solo datos de coyuntura, y que fue mencionado un verdadero desenmascaramiento del famoso “modelo”. Dijo que no solo el “modelo” se había encargado de ser el más pagador de deuda externa de la historia (deuda que se encomendó en canjear, no en cancelar, hipotecando las ilusiones de los jubilados y eliminando las posibilidades de los actuales trabajadores al destrozar a la Anses y el BCRA en cientos de miles de millones), sino que comparó el discurso de Cristina respecto de su supuesta lucha contra las corporaciones, demostrando con números que, en los años 90 se transfirieron utilidades al exterior por U$S17.000 millones a razón de 177 M por mes, mientras que en el actual proceso K, la suma ascendía a la sideral cifra de U$S37.000 M, a razón de U$S 342 M ¿Por qué hizo esto? Simple, un modo sencillísimo de exponer cómo el kirchnerismo funciona tal gerenciador interno, local del establishment, un “colectador” de deuda y a la vez, un autorizador de emisión de utilidades de las multis a sus casas matrices… Esto ocurre porque el modelo funciona como una gran productora de inflación, la que genera no solo la pérdida de valor de compra de dinero, sino una esterilizadora brutal de expectativas empresariales de renta. en consecuencia, la inversión en estos modelos productivos lo único que logran es la nula inversión y la repatriación de la mayor cantidad de fondos posibles que, a la postre, no son fondos que alguna vez las multis trajeron, sino los ahorros y las rentas locales que son “remesadas” al exterior; o sea, el “desahorro”. Esto es muy viejo, pasa que la Argentina es un país de desmemorias, y pagamos el precio”.
Hoy, al respecto, habría que recordarle a los amarillistas “Tiempo Argentino” y demás pasquines K que la mandataria Dilma Rousseff no vino a tomar el té a Buenos Aires, sino a pedir explicaciones por la ruptura de contratos, las habilitaciones a girar divisas que las empresas brasileñas Vale y Odebrech (y también a otras) contaban como aliciente como para seguir en el país. Las restricciones “generales” al cambio (o default inminente en el pago al exterior) tornan imposibles las inversiones, aún de los países de un Mercosur absolutamente ya caído.
Como muestra de lo anterior, la empresa española de juego Codere anunció que se va del país. Debe ser un caso único en el mundo, insólito, que una empresa de juego, con concesiones vigentes se retire de un país, máxime de un país con niveles altísimos de ludopatía.

El default y la caída, en cuotas: implosión de Argentina

La caída de la inversión no es solo una variable aislada, o producto de decisiones íntimas de los empresarios, sino el resulta de un conjunto de decisiones erradas del poder político. Debe analizarse el conjunto, el cierre de proyectos de exportación se producen como consecuencia directa al cerrarse las importaciones (quien cierra importaciones, cierra, indefectiblemente mercados externos y su propia capacidad de producir) La falta de divisas, las restricciones de cambio, hacen el resto.
La falta de inteligencia para bajar el precio del dólar paralelo no es ya “táctica”: Muchos creen que ya no hay liquidez, o que se está llegando a un nivel de reservas (reales, disponibles) que ponen en riesgo los pagos al exterior, y que, como en un círculo vicioso solo lograrán promover que se incrementen en los meses futuros, más restricciones y más contracciones en la disponibilidad de divisa fuerte, ergo, de comercio hacia fuera.
Solo fomentan la desconfianza. A tal punto es la caída que los dividendos “no pagados” por obligación del estado hacia las grandes empresas terminaron de dar por tierra con las expectativas, y fomentaron la fuga, vía directa, vía solapada, pero fuga al fin.
El sueño de una “soja eterna” (y todopoderosa) que salda cubre todo desmanejo y bestialidad cometida por los ignorantes a cargo de la economía, es tan volátil como el de “Cristina eterna”.

Mitos del “modelo” y proyección de gran choque

Entre los mitos del modelo, está la teoría conocida como de Diamand, un ingeniero que nunca estudió economía, pero, que propugna dislates o eslogans del estilo “vivir con lo nuestro” y otras tonterías de ese tipo.
El famoso modelo, que peca de pícaro, y que consiste en el sofisma no ya de creen en la sustitución de importaciones keynesiana (lo que venden sus truchos difusores) sino que avanza sobre la captación de toda propiedad excedente que ingrese del exterior, es no solo un sofisma del pasado, una coyuntura de 2 o 3 años, sino que huele a mustio.
Un esquema en el cual el Estado avanza sobre la propiedad privada, captando todos los dólares que ingresan de exportaciones (eufemismo por no decir: “dólares de la venta de cereales oleaginosas, petróleo y armado de autos para Brasil, que representan el 90% de las exportaciones Argentinas) llevado a plan económico es un verdadero disparate. Ergo, con un esquema así, se termina subsidiando “a lo bobo” y no a la eficiencia en algún nicho de producción, y sí y solo sí por algún tiempo. El esquema “subsidio para todos y todas” termina en un dislate de dilapidación de recursos, que es pagado con un 30% aproximadamente (solo por ahora) de impuesto inflacionario.
Estos esquemas no solo logran retrasar al país 40 o 50 años, o sea, volver a la época de los Renault 12, las maquinas de coser Singer, y los Ford Falcon modelo 1970, con tecnología de aquella época, sino que logra el efecto de la desinversión y la fuga de todo capital que tenga alguna idea de integración (económica) aún regional (restos patéticos del Mercosur).
Tampoco estas delirantes ideas logran reconvertir la industria local al ritmo de las necesidades de consumo (que no son las de 1950, por cierto) ni logra discriminar la reasignación de recursos hacia nichos productivos (que sí podríamos lograr con incentivos puntuales en varias áreas industriales, mineras, agrarias y culturales).
El componente del subsidio demagógico, y no el incentivo productivo, cuanta con un elemento electoral atractivo, al cual los funcionarios kirchneristas parecen mucho más inclinados, mucho más que a aplicar algún marco de eficiencia económica que no suele dar réditos inmediatos, al menos en el 50% de la población pobre del país.
Tampoco logró el actual “modelo” la inversión de los productores locales, que no logran marcos de rentabilidad a la par de poder solventar costos inflacionados, incluidos salarios, y muy desanimados a cobrar la mitad, o lo que se le ocurra a la Reina Cristina, por cada dólar exportado (hoy, $ 5,18 cuando el dólar vale al menos $9,20). No se arriesgarán en un país sin reglas.
Tampoco alienta el futuro, ni “el modelo” ninguna inversión para exportar, por parte de empresas que están radicadas en el exterior, por las razones antes vertidas. Muchas de ellas piensan en Brasil, Chile o Perú a la hora de ampliar capacidad de producción en la región.
Tampoco se alienta la oferta de nuevos puestos de trabajo en el sector productivo y competitivo (mientras crece de manera preocupante el empleado público, ya con al menos 1,5 millones de empleados demás).
Tampoco logra que los inversores locales avancen sobre nichos que el país puede lograr, en la región y aún hacia fuera de la región, por falta de incentivos. Los subsidios tienen plazo fijo, se los otorga bajo estudio de mercado de aumento de eficiencia y posición en el mercado, sino, no tienen destino, salvo engordar a “empresarios amigos” cosa que este gobierno sabe hacer, como bien nos probó Jorge Lanata.
Tampoco este “plan” logra equilibrar las cuentas públicas, aún ahogando a las provincias, aún capturando la renta federal, aún devaluando sus deudas, y lo único que se logra es empeorar la calidad de lo que el Estado adquiere (sea en bienes o servicios).

Lo que viene

Lo que viene es, al menos, un recrudecimiento de las actuales medidas.
Asumimos que estamos ante alguna versión (berreta) de jacobinismo, mezclado con altas dosis de delito.
Jamás admitirán que el camino seguido es una encerrona, que era todo una mentira basada en expropiar los dólares a los exportadores y al campo, para armar un esquema de subsidios, compra de voluntades, y reparto de planes, jubilaciones y empleos públicos improductivos, con el cual logran tapar 5 millones de personas que no aparecen en las listas de desocupados, pero, que tampoco se pueden (dado la condición de desocupado escondido detrás de un plan) insertar en el esquema productivo, en el sistema económico real.
Lo hecho con los jubilados, achatarles las escalas de ingreso, aumentando la masa de jubilados y pensionados, es una verdadera canallada desde lo moral, y un verdadero genocidio desde lo legal. Dieron jubilaciones de “regalo” a quienes no tienen aportes. Ese modelo de “achatamiento” servirá como “modelo” para el próximo vaciamiento y achate de los salarios de los empleados públicos, a través de ajustes por debajo de la inflación, y a través de la baja de sus ingresos en relación a la pobre cotización en extinto “peso”.
En el ámbito PYME el panorama es desolador. Es el sector que más empleo produce, y desde aquí en más habrá muchas novedades y protestas. No se visualiza tampoco una buena época para la construcción, con las consecuencias sabidas.
En el sector privado, se verán ajustes de calidad (hacia la baja) y del poder adquisitivo real de los asalariados (en dólares) El último mensaje del Ministro Julio de Vido hacia la clase media es muy claro: “Olvídense de viajar al exterior, pesitos, desde ahora en adelante, pesitos”.
Se seguirá podando el esquema de subsidios, en especial a los sectores medios y “marchistas” que no son propensos a actuar con su voto a favor del oficialismo k.
La clase media es el principal rival del gobierno actual, aún ronda el 25% de la población, y a la cual no van a dudar en golpearla de manera dura y permanente, sabido que ya la perdido (políticamente) para siempre.
Para la clase media hay AFIP, impuesto a las “ganancias” en la 4ta categoría, inmovilidad de las escalas de facturación de monotributo, aumento constante de “tasas de servicio” del estado (justicia, sellados de oficinas públicas, registros, etc.) aumento constante de impuestos al turismo, desinversión en seguridad, etc.
Hay que advertir también que las nuevas leyes judiciales que bloquean el amparo y las medidas cautelares, son un serrucho de las organizaciones civiles y sindicales, no contempladas en las “excepciones Verbitsky”, ya que dichas inconstitucionales leyes, guardan la facultad de hacer callar estadísticas aplicar multas, recortar convenios colectivos, o derechos individuales de los trabajadores, lo que se hará bajo el eufemismo de “democratizar el mundo del trabajo” por ejemplo, con estatutos especiales de determinados gremios.
Para las clases marginales y lumpen-proletarias habrá pérdida de valor adquisitivo de las magras asignaciones o subsidios, y mayor clientelismo con el manejo de planes y subsidios (propaganda en las tarjetas de inclusión, Moreno Card, etc.).
En definitiva, es improbable que la Argentina cuente con inversiones genuinas y productivas, los recursos (exiguos) serán usados para comprar combustibles y otros factores energéticos y para que las principales empresas, aún cuenten con insumos, para que no se paralicen. Un esquema parecido al que sufre Cuba, negada a los mercados desde hace 50 años, con la salvedad que en estas pampas todavía alcanza –apenas- la cosecha de trigo para hacer el pan.
En definitiva, el panorama económico es cada vez más restringido, y tendiente a la inflación y al parate.
Y ruegue el pueblo argentino que no tengamos una mala cosecha fina 2013, o una mala cosecha gruesa 2014. En dicho caso la dimensión de crisis ya no permitirá otra cosa que un cambio más drástico, que es evidente que este gobierno no sabe, no quiere y no puede hacer.

Por José Terenzio


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