sábado, 27 de abril de 2013

COMO FUNCIONAN: LAS “GUERRAS DE DEMOCRATIZACIÓN”






























En el lenguaje americano, “democratizar” significa realizar un golpe de Estado para someter al pueblo. Con sus “guerras de democratización”, por ejemplo, EE.UU no pretende liberar a los países sino gobernarlos por fuerzas ajenas al pueblo. Para someterlos a largo plazo, crean regímenes antidemocráticos y débiles ya que para los EE.UU “democratizar” es someter, controlar y agotar permanentemente al enemigo.  La “democratización”, por tanto, no sólo es una excusa para las guerras de América, sino todo un propósito, aparte de las metas económicas. “Democratización” como fenómeno opuesto a la democracia es una manera altamente efectiva y no sangrienta de sometimiento. Una manera de evitar gobiernos fuertes y de implantar regímenes débiles para que el poder no parta del pueblo sino de la fuerza de ocupación.  Las “guerras de democratización” de los EE.UU son un crimen contra la democracia llamado por los americanos “sometimiento a buen precio”. Hoy día, los gobiernos han delegado la emisión de dinero al Banco Central Europeo y a Wall Street, empeñando el instrumento más importante para influir en asuntos económicos como el paro. También la disposición sobre las fuerzas armadas se está perdiendo: en vez de defender la patria, el ejército actúa cada vez más en el extranjero, participando en misiones americanas de ataque en todo el mundo. La política de constante adquisición de las fuerzas armadas demuestra que los gobiernos, en lo sucesivo, siguen contando con misiones imperialistas de guerra, calificadas frecuentemente como “medidas de pacificación”. La “flaqueza del Estado” se ha convertido en moda. Bajo el falso término “privatización”, se esconde la desnacionalización, que pretende tirar abajo la “casa del Estado”. La industria clave y armamentística son “privatizadas” para caer en manos del enemigo. Los bosques, las redes de ferrocarril, las autopistas, en gran parte, son vendidas a empresas extranjeras que luego con las ventajas fiscales y judiciales los realquilan.  En esto, los sobornos, camuflados como “provisiones” para los altos políticos, alcanzan cifras millonarias que son transferidas a cuentas extranjeras.  Por ejemplo, luego de la reunificación alemana, el campo de cultivo agrario de la República Democrática no fue devuelto a sus propietarios sino vendido mayoritariamente a extranjeros que explotaron el suelo a su antojo.  En nombre de “la libertad de expresión”, los medios de comunicación son arrancados de manos nacionales y declarados como instrumentos de sociedades capitalistas influenciados por intereses extranjeros. Las empresas son libres de fabricar en el extranjero o dondequiera que la mano de obra sea más barata. Las “medidas de democratización” primero consisten en excluir parte de población, partidos o funcionarios de la vida política. Después, se influencia a la prensa (mucho más aún) para reprimir la libre opinión del público. Posteriormente, se elige marionetas para designarlos como líderes políticos manipulables.
Desde la guerra de secesión, los EE. UU han negado el derecho de autodeterminación a todos los pueblos. Autodeterminación siempre se encamina hacia el Estado nacional (Estado normal). Excepto en Israel, el imperio americano combate la idea del Estado nacional en todo el mundo y busca sistemas gubernamentales que esparzan la semilla mortal del estado multiétnico en contra de la voluntad de los ciudadanos. La economía del Estado normal se llamaba economía popular. El imperio americano trata de paralizar la función protectora del Estado y romper la economía popular con el pretexto de la “libertad”.

EL QUE SIRVE AL PUEBLO SIRVE A LA HUMANIDAD

Es la vida lo que hay que defender, la vida de cada uno, de la familia, del pueblo. La sentencia del poeta Felix Dahn: “¡Sirvo a la humanidad sirviendo a mi pueblo!” ha de ser ampliada al mundo: “El que sirve a los pueblos, sirve a la humanidad”. Lo más grande que los humanos pueden hacer para su pueblo, es construirle una casa, edificarle un Estado: el Estado Nacional. Pero la fundación de un Estado suele partir de una voluntad homogénea del pueblo. Por ello, el proceso de formación estatal constituye el punto culminante de la autodeterminación. Si el Estado Nacional no quiere perder su libertad y su constitución democrática, no debe depender de la economía de “otros pueblos” ni de su codicia territorial. Necesita la economía popular para poder ejercer su función protectora. Debemos comenzar la lucha: si la exigimos, todas las metas a las que aspiramos se cumplirán. Entonces la dictadura monetaria será de lo más vulnerable, el tirano del mundo de lo más débil, sus mentiras, sus maneras de fariseo de lo más visibles. “Democratización” es el crimen con que se engaña a la humanidad desde hace un siglo.  Tomemos como ejemplo la terminada Guerra de Irak que supondrá el principio del fin del Imperio: con el pretexto de la “democratización”, América fue a la conquista. Ya poco después del silencio de las armas, tuvo que incumplir sus “promesas”, a kurdos, sunitas y chiitas les negó el derecho de autodeterminación, a los turcos les tuvo que prometer no dejar volver a Mossul a los kurdos y tuvo que formar un gobierno traidor bajo una minoría de corruptos haciendo caer el sistema monetario en el propio país. Se trata de vencer al tirano aboliendo su sistema monetario. La pestilencia de la palabra “democracia” se debe a los falsos testigos y falsificadores de nuestra historia que exigieron llamar “gobierno del pueblo” lo que en realidad es un régimen manejado desde el extranjero mediante la USURA, la corrupción y la infiltración de agentes poderosos que traicionan los intereses nacionales, simplemente porque la Patria se lleva en la sangre y ellos no “se sienten” del país que les da acogida.
Hoy en día, la mayoría se cree que la esencia de la democracia son parlamentos, constituciones, partidos y elecciones. Todos esos instrumentos sólo son medios insuficientes para medir la voluntad mayoritaria del pueblo. Por eso, hay que distinguir entre la democracia como condición y la constitución democrática.  Al otro lado se encuentran los primitivos aparatos de medición que son las instituciones como los parlamentos, las separaciones de poderes, las constituciones que llamadas “democracias” sólo son sus recursos. Aunque apreciemos la esencia de la democracia, sus primitivas instituciones- más si han sido impuestas por los vencedores- causan recelo.

LA DICTADURA ES DEMOCRACIA SI ES MAYORITARIAMENTE QUERIDA POR EL PUEBLO

La democracia de la antigua Roma conocía al “dictator pro tempore”, elegido para un período de tiempo determinado. En épocas de conflicto, la fuerza de Estado y pueblo podía ser acumulada en manos de un solo hombre. No por nada, el imperio obligó a los ministros de educación y los medios de sus vasallos a ocultar al pueblo que solo aquél poder individual que esté en contra de la voluntad general, es tiranía. La regencia de un caudillo que, subido al escudo con gran júbilo es elegido como tal, es mucho más legitimo que el gobierno de George W. Bush, por el que sólo el 24% de los americanos ha votado. Nuestros reyes y emperadores reinaban mientras el pueblo así lo quería. De todas las virtudes de su Estado, el poder es lo que el pueblo más venera. Por el contrario, los presidentes americanos que alcanzaron el poder a través de donativos provenientes del tráfico de drogas y que ganaron sus “mayorías” con engaño, no pueden compararse a los jerarcas de los que hablábamos antes. Muchos de los que son calificados de demócratas solo se lanzan a las minorías y consiguen los votos por fraude contra el pueblo.
El pueblo es fragmentado en “derecha” e “izquierda”, en “comunista” o “extrema derecha”; si es posible en nativos y extranjeros, por lo menos en acomodados y pobres. “Divide y gobierna”, ¿quién no conoce esta máxima?.  Permitir partidos comunistas que son prohibidos en los EE.UU, forma parte de las estrategias habituales de la “democratización”. ¿Por qué allá es malo lo que acá es bueno? (recordemos que tienen en su haber más de cien millones de muertos) “Derecha” e “izquierda” son síntomas de la fiebre de la democracia. La búsqueda de “derecha” e “izquierda” es infructuosa, esta división de la sociedad es un mal para la soberanía, no son “componentes de la democracia” sino hinchazones de la peste bubónica. La democracia de los antiguos romanos, griegos, germanos o indios no conocía la fragmentación del pueblo en partidos. Los partidos, cual Estados en un Estado, son un invento de los soberanos financieros que en el nombre de la democracia pretenden destruirla. Los partidos son necesarios pero solo en el sentido de “tomar partido” de decidirse por algo en concreto, apoyar a un hombre o movimiento determinado. El protagonismo que han adquirido los partidos políticos en la actualidad, como si fueran Estados dentro de un Estado, es tan peligroso como una guerra civil que esta dormitando. La obligación a la “opinión partidaria” de los miembros de partidos y sus acobardadas votaciones, nos demuestran día a día que la elección de partidos es mortal para la democracia. El pueblo debería proponer a los individuos a elegir, no las asociaciones opacas, incontrolables y secretistas llamadas partidos. Como potencia ocupacionista, el lobby de poder que opera en la oscuridad se ha aprovechado de los partidos para influir en la dirección de nuestros Estados. El autor y visionario ruso Alexander  Solzhenitsyn autor de obras maestras como “Archipiélago Gulag” (un análisis del sistema de prisiones soviético, del terrorismo y de la policía secreta que fue perseguido y exiliado por el comunismo y sus obras censuradas)   junto con el checo Vaclav Havel, se han declarado en contra de la política de partidos.  En 1967 Solzhenitsyn  escribió: «No tengo ninguna esperanza en Occidente, y ningún ruso debería tenerla. La excesiva comodidad y prosperidad han debilitado su voluntad y su razón», el proclamó que Occidente carecía de recursos morales y espirituales para resistirse a su propia decadencia y no se equivocó, con solo mirar la realidad basta.
Las democracias del mundo están enfermas, primero: porque la separación de los tres poderes clásicos, es decir, legislativo, judicial y ejecutivo está socavada. Segundo: porque se han formado nuevos poderes que, no siendo percibidos como tales, llegaron al gobierno. Las fuerzas que generan las opiniones, los instrumentos de la dictadura monetaria llamados “medios de comunicación” son el cuarto poder reconocido por el Estado. Como quinto poder enumeramos la economía con su monopolio de emisión de dinero que se elevó de servidor a dominador sobre las naciones. Para que la condición democrática no sea definida por violencia armada, los habituales instrumentos de la democracia deben estar afilados. La separación de los tres poderes ha de ser restablecida y la gestión de los dos nuevos poderes reconocidos, ha de ser regulada en la constitución. 
Pero primero el poder tiene que volver al pueblo, una vez hecho esto, el primer paso sería reestructurar los Bancos de Reserva Federal, las estaciones de televisión y radio así como la prensa devolviéndoles al control y bajo tutela del Estado del pueblo. Los principales capos de la hegemonía monetaria y la dictadura mediática deberían ser detenidos; los engaños y fraudes deberían ser comunicados al público. Luego, en un discurso televisivo, el presidente debería anunciar la derrota del sistema de la Reserva Federal instaurado en 1913, la liberación de los medios de la dictadura del dinero. Pero si América no puede liberarse, entonces la humanidad ha de salvarse a sí misma. Los gobiernos que, en su mayoría entregaron el poder a la plutocracia, se deberían asociar con sus pueblos, sus ejércitos y las demás naciones del mundo para llevar a cabo un levantamiento contra la tiranía del imperio extranjero. Como meta inicial, deberían nacionalizar la prensa, ante todo, han de ser recuperados los medios de comunicación y puestos bajo mando popular. La acción debe llevarse a cabo mediante un boicot cultural y mercantil, o sea, con sus propias armas. No odiamos al Estado ni desconfiamos de él si se vuelve a cumplir aquello de “todos somos el Estado”. Solo el Estado puede salvar a nuestro pueblo porque él es la gran mansión construida para el pueblo. Los falsos y los corruptos se fastidiarán cuando oigan hablar de la nacionalización de la prensa. Dirán que la prensa sólo puede ser libre si puede ser comprada con dinero extranjero o incluso por los servicios secretos. Los que así hablan son sirvientes del Lobby. La privatización ya comienza con la compra de prisiones. Los servicios privados de vigilancia son los antecesores de ejércitos particulares.  Dar al Estado lo que es de él y a la economía lo que es de ella. Así, impidiendo la influencia ajena en campos como el arte, la cultura, la educación o historia, que hasta ahora estuvieron dirigidos por servicios secretos extranjeros, los movimientos errantes de la humanidad se frenarán posibilitando la recuperación de la patria. La victoria sobre la supremacía comercial del imperio también dará fin a la migración PLANEADA y guiada por el capitalismo que destruye las etnias obligando a las personas a abandonar su país, renunciando a sus tradiciones y sufriendo las terribles consecuencias.
Si un pueblo ha perdido su Estado o su territorio genuino (como lo venimos perdiendo nosotros) corre peligro de desaparecer. Muy pocas etnias de nómadas como los gitanos Roma y Sinti o los judíos han sabido conservar su identidad en la diáspora. Los traidores que nos impusieron la “multicultura” saben perfectamente el desmayo que causan sus estrategias para robar la patria y el espacio a los nativos, y nosotros como víctimas, también lo deberíamos saber. El sionismo siempre teme al pueblo arraigado y nos pretende inculcar que la democracia no es más que el dominio del mercado. Sin embargo la reaparición de la ASAMBLEA POPULAR es la única vía de asegurar el gobierno del pueblo. La voluntad popular, hoy restringida a las reuniones de peñas, ha de volver al poder.
Pero atención, porque el pueblo que no se agrupa, está condenado a perder su soberanía y libertad.

Fragmentos editados y adaptados del libro de Gerd Honsik “Adiós, Europa” El Plan Kalergi.  




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