jueves, 17 de enero de 2013

LEGALES: EL TRABAJADOR DE TEMPORADA Y EL TELEGRAMA DE RENUNCIA


Parece ser una costumbre masivamente difundida en la zona de turismo estacionario como la nuestra, la de requerir al trabajador de temporada que al final de la misma remita telegrama de renuncia, dando conclusión de esta forma al vínculo contractual. De manera más o menos amable se lo insta a que "voluntariamente" concurra al correo a despachar la comunicación: "Una vez que me mandés el telegrama te pago la liquidación" o "Si querés trabajar la temporada que viene, mandame el telegrama ahora..." son frases que suenan repetidas. Los motivos de esta práctica pueden ser varios. Creemos que en el fondo subyace la idea -errónea por cierto- que contar con una misiva de renuncia emanada del trabajador coloca al empleador en posición más ventajosa para enfrentar un eventual reclamo de su ex dependiente. Por otra parte, casi seguramente el asesoramiento de los profesionales involucrados en el tema haya conducido a que se difundiera este "sistema". Más allá de cual haya sido su origen, lo cierto y concreto es que empujar a alguien a renunciar a su puesto de trabajo es lisa y llanamente colocarse en una situación que puede encuadrarse en el fraude a la ley laboral; con todas las consecuencias que ello acarrea. El articulo 14 de la ley de contrato laboral fulmina de nulidad todo contrato (léase relación laboral) por el cual el empleador haya procedido con simulación o fraude a la ley, sea cual fuere el medio empleado. El régimen legal vigente en la materia prevé que el empleado que se desempeña bajo la modalidad de contrato de temporada, es decir únicamente durante un determinado período del año, que se repite normalmente en razón de la propia naturaleza de la explotación comercial, adquiere los derechos que la ley asigna a los trabajadores permanentes. Así el articulo 96 de la ley citada tipifica el contrato de temporada como un contrato de trabajo por tiempo indeterminado que tiene un periodo de actividad y un periodo de receso, y donde el trabajador tiene derecho a ser reincorporado al inicio de cada temporada por el solo hecho de haber trabajado en una primer temporada. Por ello esta práctica de enviar un telegrama de renuncia al finalizar cada temporada debe ser rechazada por el trabajador  saber que en tal caso se persigue su perjuicio económico. De esta manera el asalariado tiene, entre otras, la prerrogativa que se le reserve cada año la plaza en la que se desempeña. Caso contrario deberá ser indemnizado, computándose a esos efectos la antigüedad acumulada de todos los períodos en que haya prestado servicios. Además, el forzar un telegrama de renuncia no exime de responsabilidad: Por ejemplo, si se demuestra que la persona actuó coaccionada, su manifestación de voluntad puede considerarse viciada de nulidad. Más simple aún resulta acreditar la irregularidad en los casos en que el dependiente se desempeña para el mismo empleador con continuidad a lo largo de varios períodos consecutivos. Por otra parte, debe tenerse muy presente que esta situación fraudulenta obviamente va a dar lugar a diferentes sanciones de carácter pecuniario, además de hacer viables reclamos judiciales de índole más gravosa que los que tendrían cabida en una situación de despido correcta y normal. Muestra de ello es la previsión legal que acuerda al trabajador la posibilidad de reclamar el rubro indemnizatorio correspondiente a la "integración de temporada". Esto es: hablita a reclamar los salarios que hubieran correspondido percibir hasta la finalización de la temporada aunque no se haya laborado efectivamente durante ese período completo. En síntesis, podemos decir que bajo ninguna circunstancia se pude exigir al trabajador que remita telegrama de renuncia. Ello implica colocarse al margen de la ley y no aporta ningún beneficio concreto. Por el contrario, incrementa el monto de las sumas a que el trabajador tiene derecho a aspirar en caso de accionar legalmente. Por último, tengamos presente en qué podemos contribuir cada uno de nosotros para lograr una sociedad más justa, y en la cual el respeto por las leyes sea la norma y no la excepción. Con seguridad que desterrar de una vez por todas, este uso al que nos hemos referido redundará en un avance en ese sentido.

Por: Dr. Horacio Fernández

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